Mi casa fue una fiesta

Por unos días nos salimos de la monotonía diaria y nos permitimos jugar, bailar al aire libre, usar  sombreros de paja, comer  tamales, elegir reinas, vestirnos con  hermosas faldas multicolores, desfilar y cantar ritmos que nos recuerdan que somos calentanos.

Las fiestas fueron un momento de ruptura con todo lo que hacemos día tras día, fueron un  espacio y tiempo que nos permitieron recuperarnos como seres sociales. Las fiestas, independiente de sus particularidades, representan un verdadero acto sagrado de celebrar la vida, donde cada persona se sintió feliz de compartir con otros sin tener en cuenta condiciones sociales o económicas.

Las penas se alejaron y la alegría nos invadió porque también fue una época de encuentro familiar, de volver a ver a viejos amigos, de reconciliación, de encontrarse con el vecino.

Como el buen ejemplo empieza por casa, nos unimos los mandatarios regionales (gobernador y alcalde) para organizar entre ambas entidades territoriales el 46º Festival Folclórico Colombiano, conocido popularmente como las fiestas del San Juan.

Esta positiva actitud de poner el trabajo al servicio del interés colectivo nos recordó que este Festival es patrimonio de la Nación y no propiedad de alguna empresa, ONG o Corporación. Por esta decisión de trabajar en forma conjunta, hoy los tolimenses e ibaguereños se sienten tranquilos y felices por las hermosas fiestas que se vivieron en la ciudad.

Este Festival, sin lugar a dudas, será inolvidable. Durante las últimas semanas, los ibaguereños pudieron disfrutar las presentaciones de las 69 reinas entre municipales, departamentales, nacionales e internacionales, quienes también participaron en los desfiles y conciertos en 4 tablados y 4 rondas sanjuaneras; cantantes nacionales de la talla del Grupo Niche, Arelys Henao y Jorge Celedón; entre otros eventos como el Festival de Festivales, encuentros académicos,  ferias de artesanías y muchas otras actividades.

Pero un día de esos que coloquialmente se denomina como “ fuera de serie “ fue el 24 de junio, cuando la ciudad amaneció con la tradicional alborada en el parque Centenario y luego desayunó con un suculento tamal. Si a eso le sumamos el desfile de carrozas y el partido de  la selección Colombia, tenemos como resultado un San Juan perfecto.

También hicieron su “agosto”, en junio, esas pequeñas cocinas casi artesanales que nos proporcionaron tamales, lechonas y bizcochos de achira. En las fiestas, todos nos volvimos expertos consumidores y catadores de estas delicias criollas.

Además, los ibaguereños y turistas también pudieron disfrutar, de forma gratuita, la tercera Feria Equina, en donde hubo atracciones para niños y adultos, así como exposiciones de caballos y artesanías. Esta Alcaldía sí ha entendido que la vida es mucho más que cemento, es vivir.

Por estas y muchas razones más: Ibagué, mi casa, fue una fiesta.